La mayoría de nosotros en la cuarentena caminamos por la vida cargando con una bolsa de vergüenza que nunca fue nuestra desde el principio. Vergüenza por ser "demasiado" Vergüenza por no ser suficiente Vergüenza de la intimidad Vergüenza del deseo Vergüenza de necesitar Vergüenza de sentir Vergüenza por querer más Una vergüenza que absorbimos antes siquiera de tener el lenguaje para cuestionarlo. La vergüenza la aprendimos en silencio, en reacciones sutiles, en lo que se ocultó, en lo que nunca se dijo. Y construimos nuestras vidas alrededor de ello. Nos encogemos. Actuamos. Damos en exceso. Nos desconectamos. Nos endurecemos. Nos escondemos. Nos excedemos en el salto de la obra. Nos damos prisa. Nosotros, la gente, complaciente. No porque seamos insuficientes, sino porque nos adaptamos. Y cuando actuamos desde la vergüenza, no solo nos hacemos daño a nosotros mismos... También hacemos daño a otros....