América es el único país donde un número significativo de responsables de políticas económicas desearía que tuviéramos un sector tecnológico más pequeño. Este hecho y sus causas explican la mayor parte de por qué nuestra política tiene divisiones sobre si la tecnología es buena.
Cuando le dices a los responsables de políticas en Bruselas, Londres o Tokio que esta opinión existe, asumen que estás bromeando.
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