Mi hijo de 8 años está escribiendo un cómic y quiere publicarlo. Lo que más me sorprende es que nunca lo empujé a escribir. Él simplemente comenzó a hacerlo por su cuenta. A veces, los niños nos recuerdan algo que los adultos olvidan: Simplemente empieza. Simplemente hazlo. Mi conclusión: La acción no espera permiso.