No puedes confiar en nadie más para que te prepare el bol de cereales. No te conocen. No saben tu vida, ni dónde has estado, ni a dónde quieres ir. La proporción cereal-leche es el límite más íntimo, personal e innegociable en la existencia humana. Podríais estar casados seis décadas, terminar las frases del otro, compartir un cepillo de dientes toda la vida y aun así no estar cualificados. Podrías ser mi madre, que me imprimió en 3D hasta hacerme existir en tu vientre y yo seguiría mirando el cuenco que me das como diciendo "señora, esto es un crimen de guerra." Apuesto a que ni siquiera gemelos idénticos podrían hacerle a su compañero un plato satisfactorio de cereales. Esto es algo que tienes que hacer tú mismo, solo. Para siempre.