Hoy me senté junto a una pareja mayor en una cafetería y no consigo sacarlos de mi cabeza. La esposa llevaba un rato allí cuando llegó el marido. La saludó, "Hola, princesa." Compraron una galleta para compartir. La esposa decidió que quería comérselo todo y mandó a mi marido a comprarse su propia galleta mientras ella mordisqueaba el resto. Mi marido volvió con su galleta nueva y ella se la robó enseguida también. Tantas risas, tanta alegría. Se reía tanto que no podía respirar. "¡Devuélveme mi galleta!" Eran ruidosos, descuidados y encantadores. Nunca he visto a dos personas divertirse tanto simplemente queriéndose. Puede que nunca deje de pensar en ellos. Espero que tengan la vida más hermosa juntos.