Aquí en Teherán, si los cazas llegan tarde a sus objetivos, las calles en realidad se ponen nerviosas. Si pasa un día y no oímos las explosiones, se instala el pánico. La gente pasea por las plantas, preocupada por los ataques aéreos retrasados como alguien se preocupa por un amante que llega tarde a una cita. Y, sin embargo, un grupo de hipócritas simpatizantes del régimen que están a salvo en Occidente se suben a sus plataformas para predicar 'No a la guerra'. Si tienes tanta confianza en tu narrativa, dile a tus maestros que levanten el apagón digital. Devuélvelo a este país su internet. Verás al instante que ni siquiera el 5% de los iraníes dentro de esta jaula están diciendo 'no' a este fuego. Sinceramente, espero que el IRGC nunca se rinda. Espero que se nieguen a rendirse, para que esta misión de rescate no termine hasta que cada uno de nuestros carniceros sea convertido en chuletas como su supremo perdedor.