Una versión increíble de esto se está desarrollando en tiempo real en Bolivia. Hace varios días, un avión de carga que transportaba *18 toneladas* de billetes bolivianos —unos 60 millones de dólares estadounidenses— se estrelló, lloviendo dinero. Como era de esperar, la gente ha estado intentando recoger este dinero mientras el gobierno intenta localizarlo y quemarlo en el acto para evitar que entre en circulación por parte de la población local o de las autoridades federales sobre el terreno, que podrían sucumbir a la tentación. Menos previsible, el banco central boliviano ha declarado nulos todos los billetes con esos números de serie. Volviendo a lo "previsible", el caos ha golpeado el mercado monetario. Los vendedores y las tiendas son comprensiblemente reacios a arriesgarse a que se les pasen billetes anulados que son idénticos salvo por tener un número de serie en una lista muy, muy larga de números anulados. Así que el efectivo ya no es un medio muy bueno porque los billetes inválidos no pueden ser fácilmente identificados por los humanos. La autocustodia no siempre es suficiente para resistir la censura, segundo ejemplo.